Un poco de la vida de uno de los centros históricos de la Habana, nos ayuda a entender la cubanía detrás de la historia de cada canción.
Por cortesía de la Revista Jiribilla a continuación el un extracto del artículo "Barrio de Pogolotti" de Idania Trujillo y Daína Caballero con fotos de Iván Soca.
Cuando entramos al barrio, al corazón de Pogolotti, es como si se viajara a una parte de la historia de la nación cubana. “Aquí hubo y hay de todo...”, dice César un mulato simpático que nació y se crió aquí, muy cerca de la Casa Comunitaria, donde se alza majestuoso un “tanque” que, como lo indica su nombre, es un envase, elevado sobre varios postes de concreto, que suministra agua a la comunidad. Pero cuando le preguntamos a César qué quiere decir con eso de “hubo y hay de todo”, se echa a reír y nos comenta en tono socarrón: “de todo lo que hace un cubano para sobrevivir, periodistas; pero seguro se van a encontrar con la dignidad y el orgullo de ser 'pogoloteños' de la gente trabajadora, humilde y compartidora de aquí” .
Y tiene razón el mulato, porque en Pogolotti se palpan esos detalles cotidianos de nuestro entorno: un sitio que interroga el pasado, una conga callejera, rostros de distintas generaciones, unas casas en ruinas y otras levantándose… Y en medio de toda esa humildad, la gente se debate cotidianamente por salvar el sentido de pertenencia y la solidaridad, mezcla de todas nuestras angustias y esperanzas.
Basta con caminar por una de sus calles, entrar a cualquier casa donde habitan las imágenes de los santos (orishas), hablar con las mujeres mayores o algún babalao para enterarse de cómo las leyendas, tradiciones y rituales siguen vivos y reinventándose como parte de la religiosidad popular cubana. Basta con observar la mezcla sabrosa de razas de donde nació lo criollo. Pero para llegar al hoy, se precisa interrogar el ayer. Y ese pasado de Pogolotti estuvo marcado por el signo doloroso y violento de la esclavitud.